Pequeños seres...me mudo!!

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Tres partes de tristeza y una de euforia.



Entre nosotros existe un muro de incontinencia. Hablas, pero no dices nada. Te dejas hacer. Eres la respuesta a una pregunta por cortesía, a un cómo estás por educación, a un qué tal va por aburrimiento. Y yo sé que me odiaste tanto en su tiempo que ahora no sientes nada. No sangras. Lo tengo claro, tu fin es volverme loca bajo este tedioso silencio. Esta soporífera ida y venida de palabras huecas con complejo de hache intercalada que me llenan el estómago de aire. Yo no sé cómo no te ahogas, como todo esto no se te atasca en la garganta. Pero yo estoy a esto de cometer un asesinato, mientras tú sigues siendo y  estando, respirando a expensas de mi cordura. Lo que pudo ser enfermó, y no fue.  Y esta ciudad me ha mentido , me ha engañado descaradamente trayéndome hacia ti. Llevándome de la mano a tu encuentro. A un acercamiento que es el alimento diario de tu olvido. Hacerme real fue tu principio y mi fin. Acariciar tu carne me hizo soezmente humana, y ahora el realismo me pudre a cada segundo. Desaparezco. Quizás ya lo hice hace tiempo, pero no fui consciente de mi ausencia hasta ahora. Soy la mujer invisible, la heroína que inyectas en tu sangre cargada de excusas, y te llamas feliz. Yo no puedo más que odiarte. Odio que no me hayas esperado eternamente. Que no supieras morir por mí. Odio que me sobrevivieras. Que no soportaras el dolor y me olvidaras. ¡No aguantaste! Destrúyete y constrúyete para variar. Odio tu jodido camino fácil en esta historia…Pero lo peor es que no sé qué hago hablando sola en esta habitación vacía de ti. Si sólo eres el producto de una momentánea esquizofrenia paranoide y de la doble vida que jamás pude permitirme.

Profunda certeza.




Posiblemente esto, toda esta realidad que me supera, sólo consiga hacerme un poco más cínica si cabe.  Como esas mujeres con mirada amarga, cansadas de fingir que son felices. De esas que enmascaran bajo kilos de maquillaje y rutina, su profunda tristeza. De las que se anestesian, y aprenden a dejar de sentir. Abandonadas a la mecánica, al contacto físico por pura necesidad, como una forma de no parecer una autentica muerta en vida. Debería ser más superficial, más programada, más fría, como el mármol. Puede que empiece a controlar todos mis ictus. Puede que estos sean los motivos que hacen que aquellas mujeres que son  fieles a sí mismas, un día prostituyan sus sueños a cambio de una vida sedentaria y sin demasiados altibajos. Puede que mi profundidad comience a adquirir un cariz de encefalograma plano. Puede que empiece a alimentar el olvido a base de cigarrillos y drogas blandas. Puede que comience a entender lo que significa rendirse ante la adversidad, nadar a favor de la corriente, y no ser dueña ni tan siquiera de mi propia vida.

La sustituta.


Ya no tiene sentido en mí esta tristeza, no sé donde colocarla. No encuentro un lugar adecuado para esconderla. No sé si es demasiado grande, y puede verse, o es tan pequeña que puede perderse. Y aunque sé que no tiene sentido que me siga aferrando a ella, no puedo dejarla marchar. Hace tiempo que te despegué de mis emociones, y ésta tristeza no es tuya, no la creaste tú, ni significa nada para ti, tampoco es nuestra, ni la hicimos juntos, es mía. Absolutamente mía. Y tú no estás en ella, ni siquiera la conoces, y no esperes que te la presente.
Esta tristeza tan sólo mía, está fuera de lugar y lo sabe. No viene a cuento, y aparece cuando menos me lo espero. Esta tristeza tan mía, me recuerda a mí cuando la miro.

Tú no me conoces

Últimamente sufro episodios momentáneos de consciencia en mi vida, sólo algunas veces, muy pocas. Pero desde hace unos meses esos episodios se repiten de forma más seguida. En ese preciso instante dejo de entenderme.  No soy coherente ni con mis actos ni con mis palabras. Y simplemente dejo de existir. Ahora soy yo viviendo una historia que me inventé hace tiempo, cuando no me soportaba. Cuando sufrí un empacho de mi misma después de que me abandonaras. Y  a día de hoy, creo que las secuelas me están consumiendo, porque es justo en esos instantes de realismo, en esos momentos conscientes cuando me corroe aquel dolor, esa soledad devastadora tan absoluta. Ahora miro a otra persona, que ya no eres tú. Y es a él al que le suplico en silencio cosas que desconoce. Y no sé si te odio más a ti o a mi misma por permitirme esta situación. Pero te arrastro conmigo, no a ti, ni a tu carne y hueso. Arrastro todo ese dolor que me dejaste, toda la soledad que me obligaste a comer. Y ahora las náuseas me nublan la vista.

Infinita ingenuidad

A veces me siento absurda, y quiero abrazarte. No ahora, sino todas esas veces que no fui yo. Todas y cada una de esas veces a lo largo de tu vida en los que yo aun no existía. Ser esos brazos que te calentaron los huesos, y esas manos que te sostuvieron. Esas muchas otras que te dieron lo que necesitabas cuando yo no estaba ahí para dártelo. Y todas aquellas personas que vivieron de ti lo que yo no viviré nunca.

Luces de bengala.

Te hinchas de luz y calor. Ardiendo de ganas de quemar todo lo que te rodea. Te dilatas y así sobrevives.
Nunca eres capaz de poner en orden tus pensamientos el suficiente tiempo como para que tengan sentido alguno. Y te cabreas contigo misma por no ensuciarlos a todos con tus palabras, por no mancharlos de ti. Por no darles la oportunidad de reconocerte.
A veces pienso que la vida no es más que eso, una luz que se inflama de ganas, que reparte calor y te quema para luego consumirse muy despacio despidiendo un intenso olor a pólvora.