Ella es fotosensible.


Acariciaste el invierno en su pelo, y ahora floreció la primavera entre sus piernas.

Ella es un pequeño nudo de dudas, un atillo de tristezas, que tú desenredas mechón a mechón.

Le gritas con los ojos lo que ella escupe por la boca, se le infla el pecho de orgullo, pero no sabe quererte de otra manera.

En el fondo la ves como una niña cabreada con el mundo, un ser fotosensible, al que le pierden las formas y le ganan las contradicciones.

Tu no llegas a entender el por que de su autodestrucción permanente, ni el por que de su desgarro existencial. No llegas a comprender como unos ojos tan grandes y calientes puedan sentirse tan solos.

3 comentarios:

  1. Es inevitable que no pueda sentirme más identificada con el texto.
    Me encanta la foto, por cierto.

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