Olerlo era como cuando tienes tanto frío que quema


Ella no siente las puntas de los dedos, le arden. Lo mira, como anestesiada.

Hace tanto frío que sólo quiere abrazarlo, quemarse.

Mirarlo ahí, parado, delante de ella, tan cerca que podía descongelarle la punta de la nariz con su aliento. Era tan peligroso como dormirse en la nieve. Y sin quererlo no podía evitar pensar que no podría haber muerte más dulce que aquella.

Mirarlo ahí, con los ojos llenos de niebla, y el pelo mojado. A veces llorando sin venir a cuento, a veces sin decir nada, con una frase atascada en las entrañas.

Él, a su vez, la mira, la besa, nunca deja de besarla. Se hinchan sus labios como alcohol de quemar. Ahora nuestras venas, un lío de nudos. Con las manos sudadas, con las palmas saladas.

Hace frío, y ellos se quieren. Como sólo saben hacer algunas personas. Con más madera que huesos.

1 comentario:

  1. eres... increible.
    creo que estoy enamorado de ti, de tus palabras y de tus fotos, o al menos de lo que ellas dicen de ti

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