Ya me hice a la idea. Ya me acostumbré. A empezar de nuevo con tu sombra manchándome los dientes cuando sonrío. A seguir respirando un oxígeno empachado de ausencias que se atascan en mi garganta.
Ya no tienes sentido en mi cuerpo, y mis latidos no te pertenecen. Sólo existes cuando te pienso, y sufro algo de amnesia desde hace unos meses.
Ya no eres mi perro fiel, ni el por qué de mis silencios.
Pero me queda este cigarro que se consume, y envenena mis pulmones a cada calada. Y me quedan estas manos heladas, y este frío que me cala los huesos y engarrota mi espina dorsal.
Y estas venas llenas de sangre, y la enorme certeza de que aún, y a pesar de todo, me pertenezco.

1 comentario:

  1. mmm...como me gusta lo que escribes, nose porque...pero me encanta...tus textos tienen algo especial al resto...
    muah desde la botella

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