Hace unos meses estar consigo misma era como intentar salir a flote en alta mar, nunca podía nadar tanto tiempo. Ahora sonríe con cara triste. Como esas personas atormentadas que fuman, se sientan en un café a solas, y fuman. Y miran el vacío, y fuman. Y purgan sus llantos en cada calada, con sonrisa cínica, como encantados de haberse conocido, insignificando su existencia.
Pero hoy parece que todo aquel dolor no fue suyo, y que la sangre reseca que manchaba su nariz conjunta perfectamente con el rojo carmín de sus labios.
Hace sólo unos meses nevaba, y ella no podía salir de casa.

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