Obtusos.

Y qué lejos estás de mi en cada palabra. La pantalla de mi ordenador me ilumina la cara como si de alguna forma quisiera centrar la atención del público en mi dolor.
No es fácil sentirse un sólo ser, y una misma carne contigo. Y sin mayor explicación aceptar este muro que andas construyendo. Casi como si quisieras apartarme de ti. Necesitas alejarte de alguien que te lee tan fácilmente. De alguien que con sólo mirarte a los ojos sabe como te sientes. Porque te da miedo que yo sea consciente de cosas que ni tú te imaginas aún. Y entiendo tu miedo.
Pero tu no entiendes mi rabia, mi impotencia, mis ganas de zarandearte. Te leo, como si ni tú mismo entendieses tu propia existencia. Te pierdes entre tanta relatividad. Y no eres capaz de mirar más allá de toda esa confusión. De descifrar que tú no eres sólo esa confusión con patitas que anda por las calles silenciosas y solitarias. Que no puedes hacer desaparecer por arte de magia a toda persona humana que te rodea. Sé las ganas que tienes de que te odie. Se lo mucho que te atrae la idea de profundizar en mi dolor, de meter el dedo en la herida y apretar, y de verme sangrar. Y de percibir en mis ojos la agonía, y sentirte un monstruo, y poder salir corriendo.
Pero te encuentras con que sigo ahí, acompañandote, y quieres destrozarme a la par que abrazarme. Porque por mucho que te odies a ti mismo en medio de toda esa confusión y laberinto, en el fondo, nadie quiere estar solo.

1 comentario:

  1. nadie quiere estar solo, pero a veces te tienes que acostumbrar a ello.

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