De toxinas y otros componentes.


Se levantó tambaleandose, las sábanas se le enroscaban entre las piernas como amantes deseosas de piel caliente, alzó sus manos hasta su pelo, recogió unos cuantos mechones que caian en su hombro y le hacian cosquillas. La habitación estaba oscura, la penumbra desafiaba sus pupilas, las nauseas se apoderaron de sus entrañas, era la misma presión asfixiante, la consecuencia directa de una noche narcotizante, sus labios inchados y aún manchados de rojo carmín, su boca empastada con aroma de ron y cigarrillos. Bajó la puntita del pie hasta el suelo, despacio, estaba helado. En un impulso, sus pulmones quedaron sin respiración y se puso en pie, se acercó a la ventana, tanteando con manos temblorosas el vacío, encontró la suave tela escurridiza, y la apartó de un tirón. De pronto sus ojos se llenaron de luz, su piel sintió el calor del sol acariciante, aferró la yema de sus dedos al cristal de la ventana empañado, la abrió con fuerza, y sacó la cabeza para poder sentir la brisa en la cara, para desintoxicarse de si misma, para que algo tan pequeño y frágil como un rayo de luz le hiciera sentirse inmensa en la adversidad.

1 comentario:

  1. ...todavía oigo esa canción susurrada en mis oídos, esa partitura interpretada a lo largo de mi espalda...

    artista!

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