Nadie, nunca y siempre.


Nadie tenia tan poco que decir que nunca dijo nada, y siempre pensé que el día que lo hiciera, el mundo entero enmudecería; pero él siempre brillaba por su ausencia, y creanme, ¡como brillaba!. A la luz de las velas siempre quedaba a la sombra, la tostada siempre le caia por el lado de la mantequilla, no sabia que sin saber se sabian muchas cosas que nunca Nadie conocía, en el recreo le quitaban el bocata de nutella y nunca se quejaba, el viento sólo soplaba en su contra, sólo sabia bajar escalones pero curiosamente nunca los subía, era siempre puntual, tan exacto como puntual, nunca fallaba, como los relojes que siempre saben la hora que tienen que marcar, nunca se retrasó hacia ningún lugar, pues a Nadie no le gustaba quedar fuera de lugar.

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